Las cordilleras
que atraviesan la península de Baja California fueron
escenario de una intensa actividad cultural desarrollada a
partir de una economía basada principalmente, en la
caza, la recolección y la pesca.
En la
Sierra de San Francisco y las cordilleras circundantes, en
el área conocida como Desierto Central de Baja California,
grupos prehistóricos de cazadores-recolectores desarrollaron
un magnífico arte rupestre. Las figuras antropomorfas
y zoomorfas pintadas en rojo, negro, blanco y amarillo han
sido localizadas en cientos de abrigos rocosos. Por su monumentalidad,
estas pinturas se colocan entre el arte rupestre más
grande del mundo, y por la herencia cultural que representa,
la sierra de San Francisco fue designada en diciembre de 1993
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
En los
primeros años de la década de 1980, el INAH,
inició las temporadas de registro intensivo de los
sitios con pinturas rupestres de la sierra, las primeras referencias
de estas pinturas rupestres datan del siglo XVIII y sobre
las cuales no se había desarrollado ningún trabajo
de fondo.
Al comenzar 1990 aún se sabía muy poco: La Universidad
de Barcelona, había realizado limitadas excavaciones
en dos abrigos rocosos y era mínimo el conocimiento
sobre su cronología, filiación cultural y el
papel que jugaron estos sitios en la vida de sus creadores.
Existe
un proyecto para el Arte Rupestre de Baja California, a desarrollarse
en el área cohimí de la sierra de San Francisco,
es el más ambicioso puesto en práctica en Baja
California y el más extenso de México en cuanto
a la arqueología de cazadores-recolectores.
Además
del conocimiento de las pinturas y murales, el proyecto consideró
el desarrollo de una investigación arqueológica
en todos los niveles. Debido a ello, se seleccionaron cuatro
sectores que permitirían una cobertura completa de
la diversidad de zonas biogeográficas presentes en
la región y que influyeron en los patrones de movilidad
y desplazamiento de los grupos humanos.
Estos
sectores son: Desierto de Vizcaíno, Sierra, Laderas
Orientales y Costa del Golfo. Aquí han sido habitacionales
con más de 50 recintos de piedra o "corralitos".
Un enigma
importante para los investigadores fue durante años
la ubicación del yacimiento de obsidiana que abasteció
a toda la región; a la obsidiana es preferible llamarla
roca volcánica, cristal volcánico o mineral,
pues había sido encontrada inclusive en los sitios
de grandes murales. El área cercana a los volcanes
Tres Vírgenes se consideró un posible yacimiento
y por eso fue incluida en le programa de recorrido de superficie.
En noviembre de 1992 se localizo al este de los volcanes el
yacimiento Valle de Azufre, y los análisis aplicados
a porciones extraídas de él ya en una extensa
muestra de artefactos provenientes de varios puntos de Baja
California han confirmado que es la fuente de la obsidana
hallada no sólo en la región, sino en puntos
tan alejados como Bahía Concepción y Loreto.
El hallazgo de una punta de proyectil tipo Clovis y el descubrimiento
de que fue hecha con obsidiana del Valle del Azufre nos habla,
además de que el yacimiento fue utilizado al menos
hace diez mil años.
Se han
escavado dos sitios murales mayores: Cueva Pintada y Cueva
Soledad, además de otros como el sitio 27 en el arroyo
Cuesta Blanca, la Cueva de la Laguna y la Cueva del Angel.
Además de utensilios de piedra como metates y puntas
de proyectil, pudieron rescatarse muestras de textil bien
preservado, cordaje de fibra de agave y metates con restos
de pintura, artefactos de concha, hueso, madera y asta. El
análisis de material floral y fáunico recuperado
aportará información valiosa sobre cuestiones
de subsistencia y estacionalidad de ocupación de los
sitios.
La gran
magnitud de la escala mural en la sierra de San Francisco
representa un nivel de complejidad social raramente encontrado
entre cazadores-recolectores, habitantes de un medio difícil
que provee pocos excedentes de recursos.