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Las
cálidas aguas de las costas del Pacífico
mexicano, en particular en la Península de Baja
California, forman parte de los refugios preferidos
por los cetáceos, que viajan más de 20.000
kilómetros de ida y vuelta para cumplir con su
ciclo reproductivo y su desarrollo.
A
las costas mexicanas llegan dos especies de ballenas
migratorias: la gris y la jorobada, que se distribuyen
en las costas de Baja California Sur y de los estados
de Nayarit y Jalisco para la ceremonia de la perpetuación
de la especie.
Las
ballenas llegan cada año a principios de diciembre
y ya sólo quedan algunos grupos rezagados en
los santuarios de la zona que terminarán por
sumarse a sus compañeras de viaje antes de finales
de abril, dijo a EFE el delegado de la Procuraduría
de Protección al Ambiente, Víctor Martínez.
Martínez
explicó que no hay datos precisos sobre la cifra
de nacimientos en este año, aunque las observaciones
señalan que la población de ballena gris
crece a un ritmo del 4 por ciento anual.
Esta
temporada, según Martínez, sólo
se ha registrado oficialmente la muerte de un ballenato
y dos ballenas en las lagunas, aunque no se cuenta con
cifras definitivas sobre cetáceos muertos.
La
ballena gris, un cetáceo juguetón y amistoso,
nace en aguas mexicanas y viaja a unos 8 kilómetros
por hora hacia las regiones del norte, donde crece en
aguas frías y vuelve a las costas templadas para
reproducirse.
Gracias
a los esfuerzos para proteger de la exterminación
por una caza indiscriminada a principios del siglo,
se ha logrado la supervivencia de este mamífero
marino y su población se ha recuperado, dijo
a EFE el biólogo Mauro Iván Reyna, de
la Secretaría del Medio Ambiente.
El
experto explicó que un grupo numeroso de ballenas
grises se dirige a México y otro más viaja
a las costas de Hawai en tanto que los ejemplares jóvenes
se quedan en las costas de Canadá y Estados Unidos.
El
cetáceo se dirige a cincos zonas de la costa
de Baja California, las lagunas de Ojo de Liebre, Guerrero
Negro, San Ignacio, Manuela y Bahía Magdalena,
para después marcharse a las costas de Alaska.
En
1954, el Gobierno mexicano declaró la Laguna
de San Ignacio como refugio ballenero y en 1988 la zona
se amplió con las lagunas e islas adyacentes
para crear la Reserva de la Biosfera del Vizcaíno,
donde está prohibida la caza de cetáceos
y donde nacen y crecen los ballenatos.
Además,
señaló Reyna, grupos de ballenas jorobadas
llegan a las costas de Nayarit y Jalisco, en particular
en el archipiélago de Revillagigedo y Bahía
Banderas para cumplir su meta reproductiva.
En
ambas zonas, dijo, se ha generado un importante flujo
turístico para observar a las ballenas. Sólo
el pasado año acudieron a ver el espectáculo
natural unas 140.000 personas, que dejaron ingresos
superiores a los 1,7 millones de dólares.
Quienes
han dejado pasar la oportunidad de avistar ballenas
esta temporada todavía tienen una opción,
ya que, según el biólogo, la jorobada
es menos gregaria que la gris, por lo que aún
después de la temporada es posible encontrar
ejemplares machos sueltos de esta especie que se quedan
rondando en la zona en busca de hembras.
Además
de las especies migratorias, en aguas mexicanas habitan
otros tipo de ballenas como la azul, el animal más
grande del planeta, que busca mares más profundos
y más alejados de las costas.
La
ballena Minke y la "vaquita marina", especies
en peligro de extinción, son también asiduas
de los mares mexicanos.
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