Hacia 1824 se formó el Estado de Chihuahua, cuya capital lleva el mismo nombre; este territorio participó de los conflictos y dificultades de nuestro país a lo largo del siglo XIX, así, en 1833 la secularización de las misiones trajo por consecuencia el despojo de tierras comunales de indígenas. La lucha entre liberales y conservadores que dividió a México durante años, dejó su huella en la sierra, al sucederse varios enfrentamientos, principalmente en la región de Guerrero. La guerra contra Estados Unidos obligó al gobernador del estado a refugiarse en Guadalupe y Calvo. La intervención francesa también alcanzó a la región y durante este período, el gobierno estatal encontró refugio en la sierra. La reelección de Benito Juárez en 1871, fue el origen del levantamiento armado de Porfirio Díaz, quien con gran apoyo de la gente de la sierra, se encaminó desde el estado de Sinaloa en 1872, y llegó a Guadalupe y Calvo para luego continuar hasta Hidalgo del Parral.
En el año de 1876, durante el levantamiento armado que habría
de llevarlo al poder, Porfirio Díaz contó con la simpatía y
colaboración de la gente serrana. Durante 1891, ya en plena
época porfirista, sucedió el levantamiento armado de Temochi,
rebelión que terminó con la aniquilación total del pueblo. Durante
esta época el gobierno impulsó la entrada de capitales extranjeros,
principalmente en áreas minera y forestal, ocasionando la concentración
de la propiedad de tierras en pocas personas, formándose en
Chihuahua enormes latifundios que se extendieron hasta la sierra.
Los primeros años del siglo XX fueron testigos de la entrada
del ferrocarril que llegó hasta las poblaciones de Creel y Madera,
en la revolución de 1910, la sierra Tarahumara fue escenario
y partícipe de hechos que transformaron nuestro país: Francisco
Villa y Venustiano Carranza estuvieron en la sierra, cruzándola.
BIODIVERSIDAD
Lo abrupto y escarpado de la topografía, con desniveles que llegan a superar los 2,000 metros en unos pocos kilómetros y las contrastantes variaciones climáticas, producen en la sierra una excepcional y rica diversidad biológica; en ella abunda la flora y fauna endémicas, esto es que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. Las mesetas están cubiertas por extensos y frondosos bosques en donde predomina el pino, crecen también encinos, álamos, juníperos (llamado táscate), alísos y madroños, existen 15 variedades de pino y 25 de encino. Los majestuosos bosques de Guadalupe y Calvo, Madera y la región de Basaseachi nos ofrecen una vista extraordinaria a la entrada del Otoño, cuando álamos y alísos antes de perder sus hojas adquieren tonos amarillos, naranjas y rojizos que contrastan con el verdor de los pinos, encinos y juníperos. Durante el Verano la sierra se llena de una amplia gama de colores al florecer su vegetación y es cuando se manifiesta de manera exuberante la diversidad de su flora; muchas de las flores de la época se utilizan como medicina tradicional entre los Tarahumaras.