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Un
códice abierto en las piedras es LA PINTADA, un paisaje
que sin palabras cuenta todas las historias que quieras escuchar
a través de la experiencia estética de la imagen
y el rito. Este centro ceremonial, localizado a unos 60 km.
al sur de Hermosillo por la carretera internacional, representa
una exhibición de arte rupestre que cuenta la cosmovisión
de los pobladores primarios de sonora.
SERIS,
YAQUIS Y PIMAS habitaron hace siglos estas serranías
conformadas por gran numero de cañones donde una red
de mas de dos mil iconos narran su religión y la vida
social, así como su relación con el entorno
natural. En la conformación geológica del macizo
montañoso de LA SIERRA PRIETA se pueden encontrar depósitos
o tinajas de agua y numerosas cuevas que fueron utilizadas,
algunas como habitaciones y otras convertidas en santuarios
y lugares de reposo para sus muertos.
Esta zona arqueológica de colores de origen vegetal
y mineral se despliega en las figuras de los seres que establecieron
relaciones sociales con los antiguos habitantes de esta región.
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A VISITAR: |
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El negro
del águila con las alas desplegadas, el rojizo del
venado en pleno cortejo, los amarillos bigotes del bagre y
formas universales del fluir del aire y del agua; acompañadas
de soles ocres y anaranjados, son parte de la gama de matices
que emplearon los prístinos artistas.
Según
los arqueólogos, los autores de estas obras molían
los minerales hasta hacerlos polvo fino que luego era aglutinado
con su propia sangre o con grasa animal o resinas de plantas,
y es posible que hayan recurrido a la técnica del temple,
que consiste en mezclar clara de huevo con los pigmentos,
y así dar mayor poder de penetración y plasticidad
a sus creaciones.
La mano
como fórmula universal del poder humano se encuentra
plasmada en multiplicidad en los muros de piedra en diferentes
partes del cañón, dando la apariencia que una
familia que existió hace miles de años dejo
su huella de posesión.
Es indudable
que la gente que vivió en LA PINTADA tenia un conocimiento
práctico de los misterios de la naturaleza, que ahora,
cernidos atraves de los métodos de la ciencia, se traduce
como magia.
Algunas pinturas se relacionan con la magia de la caza y ahí
se celebraban ritos de petición o de triunfo ante figuras
de buros y venados con flechas clavadas en el cuerpo, antesala
del éxito en la futura cacería.
En el
sitio proliferan también representaciones de vacas,
jinetes y caballos que relatan el contacto de los originales
con los españoles, y opinan especialistas fueron pintados
en el siglo XVI. MANUEL ROBLES, historiador del MUSEO REGIONAL
de la UNIVERSIDAD DE SONORA, en su libro "la pintada"
(1982), señala que la mayor parte de las pinturas son
atribuidas a los SERIS, porque "ni en el pasado ni en
el presente, tribu sonorense alguna, ha igualado la capacidad
artística de los indios SERIS". "Se entiende
que los hechiceros o shamanes de las tribus eran los encargados
de ejecutar las pinturas, ya que ellos eran quienes dirigían
las ceremonias rituales", escribe el investigador.
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